Por Franco Giandana

Esta semana pudimos conocer la resolución del caso que llevó a Maria Kodama, viuda de Borges y titular de sus derechos de autor, a denunciar por presunta defraudación de los derechos de autor de Borges,  al escritor Pablo Katchadjian por la publicación del libro “el Aleph engordado”. A primera vista, parecería que Maria Kodama tenía más que razones suficientes para atacar dicha publicación, toda vez que el “Aleph engordado” no es más que la obra del máximo escritor de la Argentina, Jorge Luis Borges, sumando 5600 palabras extras de autoría de Katchadjian. 

El “Aleph engordado” es un experimento literario, editado en solamente 200 ejemplares los cuales además no generan lucro para el escritor. En palabras de Katchadjian, esta obra supone un “experimento literario”. Su defensa sostuvo que en ningún momento esta obra supuso una infracción a los derechos de autor de Borges, ya que no intentó atribuirse la autoría de la obra principal, el “Aleph”, ni defraudar los intereses patrimoniales de su explotación comercial.

Lo interesante es que a los fines de la resolución del caso, se ha trabado embargo sobre los Derechos de Autor de Borges, en titularidad de Kodama, por un monto que asciende aproximadamente a pesos argentinos $880.000, con el fin de garantizar los costos del proceso y honorarios pertinentes. Esta resolución judicial se sostiene en la decisión de considerar que la obra del escritor experimental no consiste en una defraudación de los derechos de autor del fallecido escritor, principalmente por la ausencia de dolo. 

Por su parte, Kodama y su abogado insistirán en que se reconozca al menos los daños y perjuicios que esta publicación ocasionó en el fuero civil e insiste en que Katchadjian nunca solicitó autorización para el uso del “Aleph”, ni para alterarlo. En Argentina, sabemos que muchas veces es muy difícil sino imposible acceder a estas autorizaciones. 

Este antecedente es de gran importancia. Poder utilizar y reutilizar contenido protegido, sin defraudar al titular de los derechos de autor, nos acerca a las reales prácticas y estrategias de producción artística. . 

Según el abogado de Kodama, los jueces que intervinieron en la causa directamente derogaron la sanción penal de la defraudación a los derechos de autor, prevista en la ley 11.723. Para otra perspectiva, lo que aquí sucede dejó en claro que la producción artística no es ajena al uso de obras de terceros, y que incluso la experimentación con estas obras es una característica habitual y necesaria.

Fuente jurisprudencia: CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL – SALA 5  CCC 18957/2011/CA3. “Katchadjian, Pablo”. Procesamiento. JI 3. 

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